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Una poética del Alma del desierto

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  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura

Por Carmen Viveros Celín


Nuestros documentos de identidad, desde el nacimiento hasta la muerte, cifran las huellas de quienes somos y de nuestro paso por el mundo, dónde nacimos, quiénes son nuestros padres, a qué nombre respondemos, qué lugares habitamos, qué hicimos: la cédula, el carné del colegio, nuestra licencia de conducir, la tarjeta profesional o el acta de defunción. La burocracia institucional imprime, irremediablemente, frialdad y rigidez a la poética de nuestras vidas.


Una mujer camina sobre la arena dorada del desierto de La Guajira, al norte de Colombia, transita en moto por un camino paralelo a las vías del tren, cuyos vagones transportan el carbón que durante años se ha extraído del subsuelo en dicha región. Una de las minas de carbón a cielo abierto más grandes del mundo. Son las primeras imágenes del documental "Alma del desierto" de Mónica Taboada.


Fotograma tomado del filme "Alma del desierto".
Fotograma tomado del filme "Alma del desierto".

El primer nombre de esta mujer fue Jorge Epiayú. Luego adoptó el de Rosarito Urariyú. Pero es en las líneas de sus huellas dactilares en donde se cifra su verdadero nombre. Una metáfora de los caminos que ha transitado su propia vida con el paso del tiempo. Se trata de un ser que busca su lugar en el mundo, que camina hacia el encuentro íntimo y honesto consigo mismo, en medio de un árido desierto de normas e incomprensiones. Salta de una oficina a otra, tratando de responder una sola pregunta ¿quién es? Esta mujer espera pacientemente por su nombre deseado, Georgina.


Asimismo, Mónica Taboada, junto a Georgina, nos introduce con sutileza en las delgadas líneas de la identidad del pueblo guajiro. Sus rutinas cotidianas en el desierto, la comida, el mar, los pozos de agua, las conversaciones íntimas… sus espíritus. La mirada de Taboada se aproxima con ternura al alma misma del desierto. También recorre las líneas de las cicatrices, aún abiertas, que han marcado el territorio. La escasez de agua y alimentos, el aislamiento y la soledad, la incomprensión y la falta de amor como fuerza vital, sin que ello le impida trazar un camino repleto de destellos de inocencia y esperanza.


Fotograma tomado del filme "Alma del desierto".
Fotograma tomado del filme "Alma del desierto".

El poder de los elementos de la naturaleza, la tierra, el agua, el fuego, el viento, se combinan en el alma misma del desierto, como una conflagración, para que emerja de ella, no solo la identidad deseada de Georgina, sino también la identidad colectiva del pueblo guajiro. Su necesidad de ser reconocidxs y escuchadxs tanto por el padre como por el estado, quienes los han mantenido al margen.


El paso del tiempo en las líneas de la mano de Georgina, su incesante caminar atravesando el desierto, si bien representan la propia búsqueda de su hora dorada, Ser, también se convierte en el destello de un pueblo que habita un territorio tan árido como luminoso: el alma del desierto.



Ponte en contacto con la autora: carmenviveroscelin@gmail.com

 
 
 

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